Para pensar: Cuando el discriminador termina “discriminado”


(De nuestros lectores)
Entre toda la información que “corre” por la web, hay alguna que, transformada en historia, puede dejar una gran enseñanza. En este oportunidad, un caso de racismo durante un vuelo y una actitud valiente de la aeromoza. ¡No te la pierdas!

La historia es vieja. Si es real o ficticia, a esta altura, poco importa. Sí es relevante la moraleja, el mensaje que deja luego de un profundo sentimiento de indignación.

El 14 de octubre de 1998, en un vuelo de British Airways desde Johanesburgo (Sudáfrica) hacia Londres (Inglaterra) habría sucedido la siguiente escena.

Una mujer de tez blanca, de unos 50 años, llegó hasta su asiento designado en clase “turista” y vio que, a su lado, se sentaba un hombre de piel negra.

Visiblemente molesta, la mujer llamó a la azafata, quien le preguntó: “¿Cuál es el problema, señora?”. La pasajera, ofuscada, respondió: “¿No ves? Me puso al lado de un negro. Usted tiene que darme otro asiento”

La aeromoza observó la situación y le dijo a la mujer: “Por favor, cálmese, señora. Por desgracia, todos los asientos están ocupados. Pero déjeme verificar si hay alguno disponible”.

La pasajera asintió, con aires de triunfadora, y esperó que la azafata volviera para darle la respuesta.

Minutos después, la trabajadora regresó y le explicó: “Señora, como ya le dije. No hay otro lugar libre en la clase económica. Pero hablé con el capitán y me confirmó que hay un lugar en la primera clase”.

La mujer, con cara de felicidad, se dispuso a tomar sus cosas y trasladarse cuando la aeromoza la interrumpe.

“Es inusual para nuestra empresa permitir que un pasajero sentado en clase económica pase a primera clase. Sin embargo, el comandante piensa que sería escandaloso obligar a un pasajero a viajar al lado de una persona desagradable, como bien dice usted”, dijo la azafata.

Y volviéndose hacia el pasajero de tez negra, la aeromoza agregó: “Así que, señor, si quiere ser tan amable de tomar su equipaje de mano y acompañarme. Le reservamos un lugar en primera clase…”

La mujer discriminadora, quedó atónita. Y el resto del pasaje, que presenciaba con atención la escena, ovacionaron de pie la actitud de la azafata y de su capitán.

Por: Mariana Pardo
Buenos Aires-Argentina

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